Hoy Escribe Sergio Gómez Montero

ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / SOL CAMPECHE Todo está bajo asedio

ya ocultaron demasiados gusanos rezaréis la oración por el poeta que murió de un ataque a la ilusión”

J. Huasi: “Increíble para grabar en diversos sepulcros”

Tomo como título de este artículo una frase pronunciada por el dirigente nacional de la CANACINTRA, al referirse al “capitalismo descarnado” que prevale en su sector, al dejarlo el gobierno sin protección y remarcando así una de las características típicas del sistema social en el que vivimos: o el estado interviene como salvador o el sistema social se va al piso. Pero obvio, era natural que todo se fuera al piso, como hoy están en el piso todos los partidos políticos y se puede decir que la política en su conjunto, en un país que no logra ver con claridad el qué será de su futuro inmediato, más allá de verse consumido por las tareas sanitarias que lo agobian (desde aplicar vacunas, hasta preocuparse porque una funcionaria de la ciudad capital se casó con semáforo rojo) y que no se ve para cuándo irán a terminar, mucho menos aún cuando los seguridad nacional está también en el piso: los homicidios dolosos de Guanajuato y Ensenada se encuentran desatados como nunca. El país, pues, pareciera estar en vilo, fundamentalmente, debe considerarse, porque políticamente no se tiene claridad de cómo conducirlo de manera central. El centralismo, en política, tiene dos grandes acepciones. Una, como antónimo del federalismo, que no interesa aquí, por ahora, tratar. Pero la otra acepción sí interesa, y es aquella que tiene que ver con la toma de decisiones de un órgano central en todo proceso de organización social y más aún en cuestiones políticas, en donde si no existe ese órgano central (como lo fue el partido bolchevique en la revolución rusa) se arman los desgarriates que hoy se están armando, por ejemplo, en la 4T y en Morena, en donde parece ser que nadie sabe en dónde está el mando que decide qué hacer en los procesos de carácter electoral que se están llevando a cabo: desde el diseño de la estrategia para enfrentar ese proceso, hasta el aparentemente mucho más simple y menos complejo de elegir un candidato para un puesto de elección popular. Es decir que al no haber estrategia, el engrudo se hizo bolas. ¿Culpa de quién? ¿Del partido (Morena) o de AMLO (y sus hijos, necios en estar allí), que es sobre quien gira, parece, la toma de decisiones partidarias? No se trata sólo de contestar la pregunta, sino que es la existencia de la pregunta misma la causa del problema, pues al existir devela el problema: por un lado, se carece de un partido centralizado (existe hoy una caricatura de él, que elige por supuestas “encuestas” a sus candidatos), mientras que, por el otro, el gobierno del país está totalmente centralizado y eso lo mantiene en continuo asedio, que se traduce en una inestabilidad constante que a nadie favorece, pues nadie sabe qué hacer. Contradictoriamente son dos las tareas: centralizar al partido (Morena) para hacerlo un partido político de verdad, mientras que es manifiesta la urgencia de colegiar el gobierno para evitar su centralización envolvente. Tareas nada sencillas las dos.

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